
Un nuevo estudio del SENDA advierte que, aunque en las últimas dos décadas ha disminuido notablemente la proporción de personas que consumen alcohol mensualmente en Chile, los patrones de consumo riesgoso como la embriaguez recurrente siguen siendo una preocupación relevante.
Lo que dicen los datos
• El consumo mensual de alcohol en la población adulta (18-64 años) cayó de un peak cercano al 59,6% en 2002, a 39,2% en 2022.
• Sin embargo y esto es clave entre quienes sí consumen, cerca de la mitad declararon haberse embriagado al menos una vez en los últimos 30 días.
• El fenómeno es más marcado en ciertos grupos: por ejemplo, en el rango de 25 a 34 años, la prevalencia de embriaguez asciende al 57,1%.
• Además, cerca de 2,4 millones de personas en Chile reportaron haberse embriagado en el último mes; dentro de este grupo, un 14% lo hizo cinco o más veces, lo que evidencia un patrón de consumo repetitivo y de alto riesgo.
• A esto se suma un punto crítico: persiste la ingesta riesgosa y se observa un aumento en el consumo de drogas, especialmente en población joven, lo que amplifica los riesgos sanitarios, sociales y laborales vinculados a conductas adictivas.
Estos datos muestran que la caída del consumo en términos de frecuencia mensual— no necesariamente significa que el riesgo social, sanitario o laboral haya disminuido. Para muchos consumidores, el hábito de beber sigue acompañado de episodios intensos, con consecuencias que van más allá de la salud individual: pueden afectar el entorno familiar, social y laboral.
Por qué esto importa para empresas, trabajadores y comunidades
Un consumo riesgoso de alcohol tiene efectos que pueden trasladarse al ámbito laboral. Algunos de los riesgos más frecuentes incluyen: menor rendimiento, ausentismo, accidentes laborales, problemas de convivencia, y mayor vulnerabilidad frente a situaciones de estrés o crisis. En un contexto donde casi la mitad de quienes beben admiten episodios excesivos en un mes y donde también aumenta el consumo de drogas estos riesgos no pueden ser ignorados.
Para organizaciones responsables, entonces, es fundamental asumir un rol activo en la prevención: no basta con políticas blandas o declaraciones de buenas intenciones. Se requiere educación, sensibilización, acompañamiento y una mirada integral que vincule bienestar, salud y seguridad.
Desde WorkCheck: nuestro compromiso con la prevención eficaz
En WorkCheck, creemos que la apuesta por ambientes laborales seguros y saludables comienza con la prevención del consumo de alcohol de forma consciente. Por eso, proponemos un enfoque basado en tres pilares:
- Conciencia y sensibilización: Informar a empleados y empleadoras/es sobre los riesgos reales del consumo excesivo, usando datos actualizados y evidencia como la provista por SENDA.
- Políticas internas claras y humanas: Fomentar normas de autocuidado, respeto mutuo y apoyo, sin estigmatización; ofrecer alternativas, apoyo o recursos cuando haya situaciones de riesgo.
- Acompañamiento y cultura de bienestar: Desarrollar programas sostenibles de prevención, promover espacios de diálogo, autocuidado y acompañamiento psicofísico, fomentando decisiones responsables tanto dentro como fuera del trabajo.
Invitación a hacer la diferencia
Hoy más que nunca, en un contexto como el revelado por el informe de SENDA, es urgente que empresas y organizaciones adopten un rol activo en la prevención.
Desde WorkCheck, extendemos una invitación a responsables de RRHH, gerencias y equipos de trabajo: revisar sus políticas internas, promover la educación, levantar espacios de diálogo y construir entornos seguros, saludables y sostenibles.
Porque prevenir no es solo evitar riesgos: es cuidar a las personas, fortalecer relaciones, proteger el bienestar y fomentar una cultura de respeto y responsabilidad compartida.
Fuente: Emol.